Testimonios

Miguel Rodiguez:

Piel de Árbol/ Mantos de Mar:

 

La insistente búsqueda de una plástica; viva, equilibrada, agradecida, lleva a Álvaro Henríquez a estar siempre en ese taller ambulante donde: piensa, reflexiona y crea desde cualquier espacio  sobre su inmediata plasmación.

Los contornos exteriores de toda materia con forma entendible, para la mayoría de nosotros, conllevan en numerosas ocasiones a olvidarnos de la entrada principal, eso que denominamos ver el árbol, el bosque, alejados de esa primera visión y del armazón presencial de las cosas, pero Alvaro en una de sus propuestas referenciales nos hace incidir en: sosegarnos y mirar, en sosegarnos y comparar y volver a valorar para centrarnos en las sinuosas texturas y las variaciones de la extensa paleta  de color que domina ágilmente y que posibilita a nuestras miradas encuentros con los detalles referenciales.

Exalta esos valles y elevaciones, rugosidades y limpiezas con las que nos  encontramos en los planos cóncavos de las cortezas protectoras de los árboles; símil de la piel humana, a veces joven y tersa, a veces rugosas y envejecidas. Entes vivos y altivos,  seres elegantes, resistentes y flexibles de  colores deslizantes como la propia luz.

Que bellezas majestuosas y simplificadoras, puntuales, detallistas tan cercanos y en tan escaso equilibro con nosotros que nos denominamos humanos y además inteligentes en esa comparación egocéntrica con todo lo demás.

En otro escenario: el batiente mar rompiente en límites inconclusos exasperantes con la tierra,  trata como pirata abordar diariamente en batallas nacientes ganar espacios; durante los días y las noches nos aportan infinidad de matizaciones pictóricas en esa complicidad con la luz variante, destellante, viva y en ocasiones oculta.

 

Y desde el intenso azul negruzco, pesado, a los grises plomizos  en esas tardes de invierno cerrado, hasta los amaneceres tenues  que crecen por minutos en su intensidad de color y calor y frio. Las sensaciones termales son apreciables  por cualquier persona sensible ante un mar de Alvaro.

Ahí, en rebeldía incontrolada añadiendo las carencias con esa paleta viva y activa, aborda sin temores la inmensidad de los blancos lienzos, esos espacios para los escenarios de miedos y terapias para cualquier creador activo.

Por ello, lo externo de las esencias recónditas; de la piel del árbol  y la frescura salada de mar, permiten a Alvaro proteger lo mejor de cada cosa. El cuenco receptor de la multiplicidad de las vidas, esas que nos permiten percibir bellezas y a éstas, enaltecer el espíritu de la más sublime de lo humano.

El halo del creador incide en ese deambular  entre el mundo estático del cuadro presencial y la infinita imaginación de observador para que ambos elementos se confieran en la temporalidad que interactúa dedicada  a proponerse ser  uno solo.

En Álvaro la capacidad  de reflexión, creación y plasmación van a una velocidad inusual en el hacer, le agobia el color oculto, el color ausente, por ello lo busca con avidez en la primacía de la luz y si no los encuentra, se lanza a su paleta como cualquier buceador en busca de los tesoros más alejados, finalmente los rescata, los mezcla, los plasma y nos los ofrece. Disfruten de todo ello.

Miguel Rodiguez
Marcos Rivero Mentado:

Álvaro es una mente en constante ebullición de ideas, pensamientos dispersos pero en un momento determinado, consigue tomar el punto de partida. En ese punto de inflexión, arranca un testimonio de su propia existencia mediante la abstracción. Así, se afana por dejar constancia de sus inquietudes,  partituras musicales de una vivencia proclive al encanto de sus raíces

Marcos Rivero Mentado Gestor cultural
Lilia Ojeda.:

La obra de Álvaro es fugaz, y a la vez eterna, es fija y en constante movimiento, sencilla y como no barroca, sonora, silenciosa, alegre y dramática, tiene… música, ritmo y poesía, se puede tocar, sentir, soñar…

Lilia Ojeda. Responsable del Departamento Pedagógico del Museo Néstor.

Pedro Flores:

Álvaro Henríquez no es un mero retratista del paisaje, es un artista que extrae la esencia, el alma de los lugares que retrata, lugares de su mitología personal que conoce con los ojos más sagaces, es decir, con los ojos del alma y tienen marcado también el recorrido ávido de su mano.

Info.del poeta

Pedro Flores Poeta
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