Cortezas
    Álvaro exalta esas rugosidades de vejez con las que nos encontramos en los planos cóncavos de las cortezas protectoras de los árboles; símil de la piel humana, a veces joven y tersa, a veces rugosas y envejecidas. Entes vivos y altivos, seres elegantes, resistentes y flexibles de colores deslizantes como la propia luz.
 
Miguel Rodríguez
 
 
 
 
 
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